134. Manta de lana merino











Gris ceniza, tierra, azul y casi blanco se han ido entremezclando sin un orden aparente, dejando que los trozos sobrantes de cada ovillo se uniesen para aprovechar al máximo cada centímetro de lana. Y ya está, mi manta de granny square terminada.

120cm x 100 cm de lana merino para los días de sofá y manta. Antes de que llegue la primavera.

Para esas tardes en las que la nieve tiñe de blanco el paisaje, o el viento polar se arremolina en las esquinas de las ventanas, tratando de encontrar un resquicio por el que colarse y mezclarse con el calor de la chimenea o el vapor del té caliente.

¡Ya estoy pensando en la siguiente combinación de colores! Yeahhhh!!!!



♥♥♥



«El día que tenía que haber bajado del tren hacía frío, mucho frío. Con las miradas tristes y la piel acariciando sus huesos fueron llenando el andén. Apenas traían nada más que lo puesto, aún así, la carga era demasiado pesada, tanto, que a muchos los acompañaría de por vida, incluso mientras dormían. 
A los que faltaban, sus familiares comenzamos a buscarlos. Algunos los encontraron en la lista en la que nunca querrían que estuviesen. Otros aparecían ubicados en diferentes hospitales. Tan solo dos, en paradero desconocido. Mi hijo era uno de ellos. 
 Ante la impotencia y la rabia, comencé a tejer una manta con restos de lana que tenía guardados en un baúl. Después otra, otra más, y otra... 

Un nuevo invierno cubría de blanco el camino. Levanté la mirada, la ventisca trataba de ocultar las huellas marcadas sobre la nieve. El crujir de la madera me sobresaltó. Ya tenía mantas suficientes.»

Microrrelato